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La comunicación con los niños durante el campamento: ese gran dilema

Enviar a los hijos durante 15 días a un campamento de verano es una experiencia sin par en la que los niños y niñas viven aventuras únicas que les ayudarán a desarrollarse y formarse como personas. Pero en ocasiones se convierte en una dura prueba para los padres, más que para los niños, que encuentran un abismo casi insuperable en estar tantos días separados de sus pequeños. La comunicación con los niños, que es obviamente necesaria durante el transcurso del campamento, pasa a ser un arma de doble filo en muchas ocasiones, muchas veces acrecentado por simples problemas comunicativos. Cuál es la mejor forma de acercar a los padres al día a día de sus hijos en el campamento de verano sin que esto interceda negativamente en el transcurso del mismo es una fórmula secreta que desconocemos, pero sí podemos dar algunas pautas que seguro ayudarán.

Para comenzar, ya desde antes del campamento los niños deben ser concienciados de que se embarcan en una aventura de 15 días de la que sus padres no formarán parte activa. En muchísimas ocasiones se trata de la primera vez que tanto adultos como pequeños se separan tanto tiempo, pero esto no tiene que ser para nada negativo. Los niños deben afrontar el campamento como una aventura en la que van a vivir experiencias únicas y en las que en muchos casos se van a descubrir a sí mismos, y éste es simplemente un reto más del que sentirse orgullosos cuando llega el momento del reencuentro al final del campamento. Así deben afrontarlo también los padres, que deben servir de ejemplo para ello a sus hijos y compartir esa experiencia y alegría desde la barrera.

Por supuesto comunicarse durante el campamento es también parte de esta aventura, como base para compartir vivencias, experiencias y alegrías. Y así han de tenerlo en cuenta los padres. Las llamadas de los hijos, que se producen aproximadamente cada 3 ó 4 días, deben ser un momento de encuentro y alegría. Los progenitores no deben caer en el error de hacerle ver a sus hijos la añoranza que de ellos tienen. Es más, deben reforzar las benevolencias del campamento y de todo lo que se está descubriendo y viviendo.

Para los niños, estas llamadas suelen ser un momento esperado y feliz, pero en ocasiones -sobre todo los más pequeños- sufren algún momento lógico de debilidad al escuchar la voz de sus padres al otro lado del teléfono. Sabedores de lo difícil que esto se hace para los padres, es recomendable que éstos no se alarmen en exceso y cuenten con el apoyo de los monitores, siempre a su disposición para conversar y explicarles el estado y el desarrollo de sus hijos durante el campamento. Es igualmente importante que los padres intenten no hacerles ver que irán a buscarles y a sacarles del campamento sin más, ya que en esos momentos de debilidad los pequeños se aferrarán a ese clavo ardiendo sin pensar en las verdaderas consecuencias de esa decisión. Entra de nuevo en juego la comunicación con los responsables del campamento, que conocen de primera mano lo que está sucediendo. En ningún momento un coordinador va a querer retener en su campamento a un niño que lo esté pasando verdaderamente mal por inadaptación, mala convivencia o exceso de añoranza de sus padres. Nosotros somos los primeros interesados en que los niños vivan esta experiencia al máximo; por lo que cuando tranquilizamos a los padres haciéndoles ver que su pequeño está realmente bien en el campamento y sólo está pasando por un momento normal para su edad de echar de menos a su familia, los padres deben sentirse con confianza y tranquilos. Y siempre quedaremos a su disposición para seguir comunicándonos durante los días venideros.

Y llega la gran pregunta: ¿podemos ir a visitar a nuestro hijo al campamento? Nuestra visión, basada sobre todo en nuestra amplia experiencia, es que las visitas de los padres durante el transcurso del campamento suelen producir un efecto más negativo que positivo. Los sentimientos de sorpresa y alegría que se suceden al principio suelen dar paso a una dificultad mayor a la hora de despedirse. Salir de la rutina de actividades suele ser contraproducente para el niño en sí, y esto sin entrar a valorar la sensación de injusticia e impotencia en la que se encuentran el resto de acampados.

Además, ponemos a disposición de los padres un diario de campamento en redes sociales en el que pueden seguir el transcurso de las actividades acompañado por fotografías casi cada día. Sin suplir ni mucho menos esa distancia que se produce entre niños y padres durante los campamentos de verano, sí aportan un granito de cercanía y permiten a los adultos saber que el día a día del campamento se está desarrollando con éxito.

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