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Viaje de fin de curso con monitores. ¡Un viaje diferente!

Los tiempos que corren hacen que se hayan modificado prácticamente todas las rutinas escolares que los que hoy son padres vivieron en su época; en muchos casos ni siquiera muy alejada de la actual. Desde la introducción de las nuevas tecnologías en el aula hasta la aparición de nuevos estilos de trabajo en las aulas y fuera de ellas, los cambios están a la orden del día, más allá de los cambios globales en las Leyes de Educación.

Una de estas evoluciones va muy en relación con las salidas escolares que los colegios realizan. Se está pasando cada vez más de salidas organizadas más culturales que otra cosa, a convivencias en la naturaleza, con todo lo que ello implica de organización y gestión. Por ello, es cada vez más común encontrarse con Viajes de Fin de Curso en los que se contratan Monitores de ocio y tiempo libre para tutorizar la actividad. Pero, ¿qué tiene esto de positivo?

Para empezar, los monitores entran a los alumnos y alumnas “con el pie derecho”. Los menores no les ven como a sus padres o profesores, en muchos casos rivales per sé, sino que se acercan a ellos con mucha más cercanía y sin aires de desconfianza, lo que facilita enormemente convencerles a lo largo de las actividades. Los monitores, además, son profesionales del sector –en la mayoría de los casos- que saben perfectamente cómo romper el hielo con los participantes y entrarles de buena manera.

Los profesores, por su parte, pueden relajarse tremendamente, sobre todo en términos de responsabilidad. Son numerosos los casos en los que los profesores nos han comentado “desde que llegamos y vimos cómo os hacíais con ellos estuvimos tranquilos porque siempre estaban bajo control”. De este modo, los profesores pasan de ser el “malo” a ser un acompañante de auténtico lujo para los alumnos, que pueden disfrutar de una relación mucho más naturalizada para con sus profesores. Mención aparte merece en este aspecto la vigilancia nocturna; en la que los profesores pueden descansar tranquilos mientras los monitores duermen a los chavales. Según boca de muchos de estos profesores, “esto no tiene precio”.

Las actividades llevadas a cabo por los profesionales del sector en estos viajes de fin de curso con monitores son prácticamente una garantía de éxito. Será el colegio y los profesores los que hayan ideado el planning, enfocando las mismas hacia el objetivo principal del viaje, pero estos monitores, llenos de energía y de recursos, hacen de cada actividad algo aún más especial encargandose en todo momento del control y una organización.

Y por último, en el caso de la resolución de conflictos –sí, en toda convivencia pueden surgir conflictos-, los monitores también pueden jugar un papel activo favorable a los intereses educativos del colegio: siempre de acuerdo con lo que los profesores quieran determinar, los monitores pueden darle un enfoque cercano a los chicos y chicas, que agradecen esa “comprensión” del que se hace mostrar de su parte.

En definitiva, el viaje escolar con monitores es una experiencia positiva tanto para los participantes como para los profesores encargados de la organización, ya hablemos de un viaje de Primaria o uno de Secundaria. La experiencia gana en tranquilidad, seguridad, buen ambiente y organización, dejando a los profesores un papel mucho más personalizado en el que comparten con sus alumnos más que ordenan.

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